contra las introducciones letrasartel

2 ene 2012

agonía presumida

PUTO MUNDO.
Cada día me revientan más las preocupaciones estúpidas de la gente,
sufrimientos banales y falsos,
ya que lo verdaderamente doloroso invadiría el aire si se soltara a los cuatro vientos.

La mayoría son brisa ligeras,
por eso no importa,
se pierden en la realidad.

Yo me siento luchando contra esa fuerza,
para no ser arrastrada por el huracán.

No puedo dejarme arrastrar,
no puedo evadirme de él,
ya que lo percibo.
Noto su tacto rodeando mi ser,
me raspa,
con sus millones de partículas punzantes,
que algún día acabarán con todo lo inútil para dejar fuera el sustento,
la estructura,
los huesos.

Eso es lo que permanece,
imposible de alcanzar sin un continuo dolor,
un mal corrosivo que avanza por mucho que lo ignore.
Ya no debo detenerlo,
no debo evitarlo,
sino dejar que siga,
que me carcoma hasta dejarme sin rostro,
hasta dejar mi pura esencia,
mi individualidad,
la que sólo algunos reconocerían.

Debo estar alerta,
medir cada movimiento,
medir los giros en redondo,
para que el huracán me afecte por igual,
me envuelva;
es la única manera de permanecer estable,
mejor dicho, de alcanzar la estabilidad,
el equilibrio necesario para poder avanzar sin derruirme.
De otro modo,
al final quedarán unos tristes y viejos huesos sin suficiente unión firme
como para mantenerse en pie.

Malditas ondulaciones,
malditos altibajos tendré que atravesar,
teniendo que recorrer el punto más bajo para seguir subiendo,
caminando entre dunas hacia el desierto profundo,
donde convergen todas las corrientes,
formando, unas veces,
una gran espiral que baja,
sin llegar hasta el final,
pero estancada en el vacío;
otras veces elevándose tan alto,
que la conciencia olvidará la travesía,
y otras veces,
las menos,
esa fuente de arena se autorreciclará,
volviendo a surgir sin perderse en alturas o profundidades,
manteniendo en dichos márgenes la armonía,
la visión que mire desde el frente,
moviéndose lo justo para abarcar la totalidad,
sin mirar desde una perspectiva que deforme (siendo ésta el punto de vista equivocado).

Cuando regrese,
las dunas habrán desaparecido,
ni el mayor seísmo alterará la superficie sobre la que camine,
sin dirección definida,
perdida en un horizonte monótono,
al que sólo alterará la puesta y salida del sol,
marcando el rumbo de un camino que acabará cuando mis fuerzas se impongan,
se resistan a seguir,
quedando así un flujo más,
inscrito en la eternidad tras una forma ahora inerte,
y en el que otros podrán fluir durante ciertos tramos,
hasta que su propio destino les empuje a desviarse en la creación de un nuevo camino.

La eternidad se conforma de movimientos y acciones fugaces.
Qué eterno se hace el tiempo pensando en su fugacidad.

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