20 sept 2011
Oficinista
Enfrascada en esta guisa que me importa, bien poco más…
Ya no es sólo el uniforme, ni la soga al cuello, ni el bozal…
Como voy a estar conforme si lo más que puedo protestar…
Es con un bostezo ante el ordenador…
Soy oficinista, una gran aspiración…
Pasadizos monocromos por donde andan las hormigas,
Cuya reina está escondida, bien custodiado su trono…
Ya no sé si es que a estas cajas les colocan filtros grises…
Acorde con las mamparas, la moqueta y los tristes…
Que poblamos este claustro de hormigón…
Soy oficinista, una gran aspiración…
Tengo asiento ergonómico, no me puedo quejar…
Aunque me preocupa una cuestión…
Si él se adapta a mi cuerpo o si yo me he transformado en sillón…
Al final de la jornada voy sin sangre a la salida…
Hasta siempre mi querida oficina…
Soy oficinista, una gran aspiración…
Para un futuro con vistas, hay que tener ambición…
No es esto
Es comprender, es escuchar, es confiar, es no volver la vista atrás…
Es no pedir nada a cambio, es arreglar lo estropeado y no tirarlo…
Es verse en lo oscuro y en lo claro, es saltar por encima de los charcos y es mirar…
Sobre los tejados…
Hay que olvidar la batalla, el dolor, la huella de la metralla…
Hay que alzar bandera blanca…
Hay que buscar la clave, dejar al corazón que hable, guardar…el sable…
Y es que oye, no, que no es esto…
Son buenos y malos momentos…
Latidos rápidos y lentos…
Senderos anchos y estrechos…
Puertas de entrada y de salida…
Y es que en tierra baldía, no hay sombras.
En el lago seco, no hay olas.
Y sin lluvia no hay…amapolas.
¿Prefieres una construcción sin curvas y una fachada sin grietas?
Ahí os quedáis, tú y tu calma.
¿Prefieres un atardecer sin nubes y un cielo sin tormentas?
Ahí os quedáis, tú y tu calma.
Lo bonito de la oscuridad son las estrellas…ahí…te quedas…
Y es que en tierra baldía, no hay sombras.
En el lago seco, no hay olas.
Y sin lluvia no hay…amapolas, amapolas, amapolas….
Fácil
elegir un número del uno al diez.
Un caramelo y un juguete
para los otros nueve.
Mientras se callen, todo va bien.
Fácil es
acatar la orden de tu mandamás.
Él es el responsable
de los daños colaterales.
Mientras no mire nadie, todo va bien.
Lo que no es fácil es morder cada manzana
con la misma ansia
que la primera vez.
Y es que no es fácil despertar cada mañana,
con buen pie.
Fácil es
derramar un vaso cuando no hay sed.
El agua fluye deprisa,
siempre elige las mimas vías.
Mientras no llore nadie, nada que hacer.
Fácil es
añorar aquello que sabes, va a volver.
Saberlo bien atado
como el perro que va a tu lado.
Mientras no huela un rastro, no hay qué temer.
Lo que no es fácil es regar siempre las plantas
con las mismas ganas
que tuviste ayer.
No es fácil deshacer cada noche la cama,
para volverla a hacer.
Lo que no es fácil es morder cada manzana
con la misma ansia
que la primera vez.
Y es que no es fácil despertar cada mañana,
con buen pie.
Intuiciones
Infiel tras mis pasos, valiente,
Traidora, fugaz y engañosa,
Con su juego de luces y sus ávidas sombras.
Calambres retuercen mi cuerpo,
Punzadas pervierten mi sangre,
Mi voz impotente, se pierde difusa en el gélido ambiente.
Un miedo sin rostro ni nombre,
Acecha de frente, prohibido,
Clavando, mas bien limitando,
Con sus cuencas vacías y su voz sin sonido.
Murallas detienen mis pasos,
Montañas agotan mis piernas,
Mis ganas marchitas, se pierden frustradas en la luz sin salida.
Macabros sucesos perturban mi ser,
Ensueños externos que no puedo preveer,
Profundos recuerdos, imágenes cambiantes,
Locura sin palabras de ignorado sentido.
Quizá la muerte, callada y mordaz.
Cama para una
Esa tarde, mientras se acicalaba ante el espejo, recordaba aún aquellas fatídicas palabras. El desmayo fue lo de menos. El roce de sus manos mientras la ayudaba a levantarse y su insistente compañía hasta la puerta de su casa la derrumbaron por completo. Eso había sido lo más cerca que jamás había estado de un hombre. Ya no le importaba su aspecto. Ya no pretendía que nadie se fijara en ella, a pesar de lo cual, tuvo aún un segundo pretendiente. Con el paso del tiempo, la resignación se convirtió en su mayor sostén ante su creciente soledad. La injusticia era para ella la palabra que mejor describía el amor. Sin embargo, esta tarde ante el espejo, se sentía guapa. La madurez le sentaba bien. Así se lo decían sus amigas, casadas todas ellas y en quienes la vejez estaba empezando a mostrar su afán protagonista. Últimamente, en su paseo diario, notaba miradas que se posaban en ella con un interés más allá de la simple curiosidad. Estaba recuperando la esperanza. Aunque acostumbrada a la soledad, no había hecho de ella su amiga. Así pues, sus paseos se hicieron más largos. Los límites del barrio se abrieron y empezó una carrera contra los síntomas de la vejez. Gastaba todo su dinero en productos de belleza, en cremas innovadoras que empezaban a aparecer. Sentía renacer su juventud, y con ella, sus posibilidades de encontrara el anhelado amor.
Aquella tarde pues, había decidido dar un paso más en su paseo y tomar el metro, inaugurado hacía ya años pero al que nunca había tenido la necesidad de acudir. Resplandecía en el espejo. Dio varias vueltas antes de estar del todo satisfecha. Y ahí estaba. Aturdida y a la vez maravillada ante la gran cantidad de gente concentrada en el suburbano. Por doquier rostros de distintos colores y edades, cruzándose desconocidos. Llegó al andén. Apenas tuvo que esperar a que llegara el tren. Se dispuso por fin a entrar y el repentino sonido del silbato le hizo dar un pequeño traspiés al entrar en el vagón. Acto seguido quedó paralizada. Otra vez aquel fuego de vergüenza quemando sus ensueños…
Cada día estaba más convencido de que era en los detalles más pequeños en donde se estaba perdiendo la humanidad. La gente ya no respetaba al de al lado. Las grandes ciudades con sus grandes aglomeraciones habían hecho del de al lado, del próximo (prójimo), un completo desconocido. A nadie le importaban los problemas de los demás, cuando alguien tenía un accidente, la mayor preocupación popular era que los servicios de limpieza restablecieran la normalidad. La sangre era más que nunca anónima. El metro le daba mucho que pensar en este aspecto. Era curiosa la relación interpersonal en un espacio cerrado como el vagón, donde nadie se conocía pero se podía sentir el roce del de al lado, su olor… Pensando estaba cuando, en una parada, una señora mayor tropezó a la entrada. No es que fuera muy vieja, pero él era una de esas personas que acostumbran a ceder el sitio a sus mayores, y cuando vio la dificultad de la señora, no dudó en levantarse y cederle el asiento. La cara de desconcierto de ella le hizo insistir, y la tomó del brazo guiándola hasta el asiento. Se sintió bien. Todavía le quedaban bastantes paradas y la verdad que ese día estaba cansado, con ganas de sentarse, pero creía en la importancia de aquellos gestos, confiaba en la importancia de que la gente los viera, de que fuera algo corriente observar ese tipo de situaciones. Volvió su mirada hacia la señora. Ahora si le pareció anciana, no tanto por su aspecto como por la expresión de su cara. – Esa señora necesitaba sentarse de veras-…
La huella de las lágrimas sobre su piel, limpia ya de maquillaje y de cremas, le hizo verse muy vieja. Sí, había vuelto a estar igual de cerca de un hombre que aquel día, de nuevo llevándola del brazo hasta su necesitado reposo… Se acostó, sin ganas de dormir ni de levantarse, estirando los brazos para notar de nuevo la estrechez de su cama para uno, la estrechez de la cama de una solterona…
“Señora de 56 años muerta sola en su casa”
A. F. D. había fallecido hace una semana, dado el estado avanzado de descomposición del cadáver. Los vecinos avisaron a la policía cuando advirtieron el desagradable olor. Este es un caso más que confirma la triste estadística de…
- Qué lamentable...- pensaba mientras leía el titular y apenas dos frases de la noticia. – Efectivamente, una de las iniciales que cada año mueren solas…
Diario lisboeta
El sol no salió a despedirnos.
Cascadas cercaban la marcha del autobús.
El verde del sol cortaba el cielo negro, un verde como el de sus ojos. Telma...
Hablar no es pensar, ni recordar, ni esperar paciente a ninguna lógica olvidada...
Quizá sea solo un soplido incesante, de un viento que no sabes de dónde viene, ni a dónde va,
(y al que nunca debes seguir para orientarte...)
El problema era que el sol nos estaba esperando allí...
Nuestro destino parecía querer que subiéramos hasta él... Bairro alto
(y es que aún no se ha inventado la escalera al cielo...)
Siempre es más fácil descender al infierno, más bien al lugar dónde ambos se confunden, se conectan, se entremezclan...
El cuerpo se malvende tras un jardín real que guarda el cielo en un finísimo charco.
Y es que los animales también se violan en grupo en el paraíso tropical.
Paraíso que también está cerrado con llave, (igual que las cárceles)
Aterrorizado, el sol se escondió, acosado y confundido por un millón de reflejos fugaces, de grandeza incrustada sobre las miserias monumentales.
(Nada que no se solucione siendo un buen guiri, alguien con mucho dinero y que prefiere invertir en un millón de pares de calcetines...)
Un callejón puede ser un lugar romántico hasta que desemboca el torrente.
Y es que desde la cama se escucha mejor la música de la lluvia…
22/04
Los buenos guiris también son sordos (y mudos).
(Aunque no son ciegos, robar panes fue una sutil maniobra)
Aún el sol no se asoma con seguridad. (Pues ahora somos nosotros los que vamos a esconder la cara, (y los ojos))
Todo se hace gris tras el destello de la luz directa.
La luz suave es más fiel consejera.
Estampas lisboetas, plaza de las flores con collages de azulejos
que compiten por mezclar los más suaves trampantojos.
La tradición no descarta las nuevas tecnologías, y es que para qué gastar voz teniendo el pequeño aparato...
No vale la pena mover de su puesto a tan dignos estandartes de un poder que realmente no ha cambiado tanto como aparenta.
“El Palacio de Sao Bento, ya que estás aquí, te cuento”
Lo interesante sería que las estatuas nos imitaran a nosotros...
(¿o que nosotros imitemos a las estatuas?)
Un bosque de un solo árbol en un pequeño rincón de una gran ciudad...
Incluso hay hueco para un descanso eterno... (La descomposición es un hecho cotidiano en la naturaleza.)
Escenario perfecto para la “fotópica” del viajero-aventurero...
La naturaleza contagia al mobiliario.
Un tranvía sin ley, donde las preguntas se dirigen a una mampara de cristal.
Demasiados idiomas hacen el zumbido indistinguible.
La bahía despojada, como aquel que sólo es útil pero no amado…
Así tiene acompañantes que la recorren siendo, como ella, grises y silenciosos.
En Belem, la riqueza y el negocio se encierran en un pequeño pastelito,
(caliente, ese es su secreto…)
El arte mapea el mundo, mucho más allá de su superficie.
Y a menos de una legua, reposan los restos del intento del hombre por controlar el mar,
muertos,
expuesta su miseria como reliquia.
Debajo de los árboles no llueve, sólo empieza cuando la nada nos rodea.
“Hay un barco a lo lejos;
si lo pasas y sigues recto,
está mi casa…”
Allí parece que hace sol. (Lo distingo)
Hay castillos cuya elegancia no distingue entre inacabados y ruinas.
Los parques se cercan con rejas carcelarias (si pudieran, ya se habrían escapado los árboles…)
La noche se tiñó de vino y España
Aunque intentaran imponer la droga en nuestro paseo.
23/04
El sol ha encontrado una cueva agradable. La lluvia campa a sus anchas, y no escampa.
Las piedras antiguas se conservan en (cajones de madera dentro de armarios de madera colocados en habitaciones de madera que pertenecen a) edificios antiguos hechos con piedra…
Encontrar grandes huesos nos hace creernos más grandes,
cuando lo que evidencian,
es nuestra pequeñez.
Pequeña, arrugada y blanquecina es la pasión que ordena y clasifica todos esos restos que quizá debieron sucumbir en su sepultura…
¿Existen cajones infinitos?
No quiero ver el futuro de pasillos entre cajones de restos conservados (en conserva).
Hace mucho tiempo ya pensaron que la solución era horadar el cerebro…
(Quién sabe si para convertirlo en cajón)
Las sales de baño encierran un principio psicotrópico (aunque siempre llega más rápido por la nariz…)
El atún y las sardinas olvidan sus rivalidades en la boca hambrienta. (Cadáveres y vino color sangre como combustible para llegar al cementerio)
Una casa pequeña en el descanso más largo;
aunque ostentosa, (y de piedra):
que envejezca despacio.
La cruz simbólica exige árboles amputados para lograr su forma.
Y la sangre sigue corriendo hasta la noche…
La casualidad y el inglés hacen que esta noche aumentemos.
Noche de fado y borrachera, voces temblorosas y potentes llegan exhaustas ante un amanecer cuesta arriba… (Bairro alto)
24/04
Los ecos de la noche anterior se repiten en mi estómago. Temo al tren…
Un reposo aderezado de gas y fruta me recompone.
La mandíbula se desmadra recordando lo de anoche.
Así es como el diccionario se enriquece y usamos el “ceniceiro” por estar “un poco tolays” y al mismo tiempo “tentados de risa”. Y es que realmente “no estamos carburando bien”, por eso, “¡¡¡métete lo de los bomberos entre las piernas!!!” (y así también regalamos carcajadas a las paseantes…)
El jardín ordenado aparenta lo salvaje. La calma de Sintra se expande pendiente abajo.
El trayecto de vuelta atraviesa la ciudad socialmente y distinguimos,
tras la lluvia y a través de un “rayo-iris”,
las chabolas y barracas (que son de color negro)
y donde la charla,
no cabe dentro.
La risa se funde en lágrimas y es que la resaca aún nos arrastra… El mundo se vuelve delicioso… “¡Ahhhh, me encanta!”
(El cerebro está en stand-by)
Tras el campo se anuncia el “próximo paragem” : la ciudad.
25/04
A la cita con la playa el sol también vino (¡por fin!)
Los cuerpos se nutren de sal y calor.
Cascais…cascais…cascais…
Y es que el canto, aunque monótono, alegra la monótona jornada de trabajo…
Boca del infierno.
¿Acaso no es hermoso el quejido de las rocas y el agua que se funden?
Es un encuentro violento y sensual en el que la penetración duele y gime y que, sin embargo, prefiero al supuesto canto celestial.
Aquí sí pasaría la eternidad,
hipnotizada…
23 may 2011
Diario de Estambul
Quisimos subir muy alto y paramos a retozar en una nube.
Fue una mezcla de su fragilidad y nuestro violento ajetreo,
lo que hizo un golpe duro la vuelta al suelo…
Qué difícil caminar, por donde sabes que, al final,
no se encuentra tu horizonte…
¿Cómo no parar de dar vueltas en un mundo que es redondo?
Nos empeñamos en construir caminos, en allanar terrenos,
mientras la naturaleza nos grita: “No sois eternos”
16/04/09 ESTAMBUL
(Vuelo)
Negras y blancas,
transparentes y opacas,
¿quién sois?
Sólo el agua puede recorrer todos los estados,
acompañar, como una escenografía simbólica, cada suceso.
De pronto sois el suelo, tan nítido, tan palpable,
que no puedo creer que no me sostengáis…
Qué injusto y qué lógico…
El soporte nunca podrá ser blando,
los cimientos nunca suaves,
las certezas nunca poesía…
No podré quedarme a vivir en las alturas,
donde siempre hace sol…
(Llegada)
Santa Sofía asiste, perpleja, a nuestro reencuentro…
Adivino tu silueta, acercándose, para luego re-conocer tus rasgos y tu voz,
que guardaba difusos.
Dormimos en la casa del poeta, atrapado por la supervivencia…
Risas entre cerveza y vino turco, más suave y rosado.
Hacemos nuestro el lugar, me siento como en casa y como si te hubiera visto ayer.
Nos acostamos en una cama con cuatro paredes.
Nuestro amor me desvela…
La luz que se cuela,
por las cortinas y el techo de madera,
me recuerda a habitaciones de películas tailandesas,
propias de climas orientales,
de calor sofocante…
Oigo la llamada, de madrugada,
por una voz que es más que un simple sacerdote.
Me gustó saber que, aún estando dormido, me abrazabas…
17/04/09
Llevo un rato despierta…Tú aún duermes, y aún me aprietas…
Como buenos “giris”, empezamos nuestro viaje por las enormes gemelas…
La fachada nos engaña, la grandeza del interior de Sofía no es comparable (a nada).
Su corazón de piedra es frío y eterno.
Una enorme araña teje andamios en su centro.
Apenas sobrevive el dorado cristiano, ante la luz tenue y el gris apagado
de su transformación en lugar de culto musulmán.
Los “grandes” fotógrafos enfocan todos hacia el mismo lugar,
tú encuadras su mirada tan poco original…
Al azar en el Gran Bazar, después de regalar, a unos farmacéuticos aburridos,
unas risas por nuestro amor accidentado…
Vamos pues, como por un supermercado, pequeña decepción…
La solución, está en los callejones, siempre,
en los personajes de sonrisa perenne, a pesar del estrecho espacio de sus rutinas…
Maniquíes, seres de cómica perversidad, como reciclados de un vertedero,
heridos, mutilados, y sin embargo los más engalanados…
La poesía rige nuestros pasos, hasta que el hambre la releva…
Un kebap con vistas al mar, por fin lo olemos…
En Gálata nos convertimos en borregos, con el consuelo de darnos cuenta,
a pesar de dar, como ellos, toda la vuelta…
Retornamos al “hogar”, menos mal, que no hacemos caso al “turco-germano”…
Habitación en el mar con terraza en el cielo…
Cargados de pan y vino, nos colamos,
como gatos callejeros, saltando por los tejados.
Mendigos bohemios, envueltos en mantas de cuadros…
Alguien sube, nos han cazado, quien resulta ser un agradable mejicano.
Las gaviotas encendidas custodian la Mezquita, Azul,
el paisaje nos rodea por completo,
echamos de menos no poder girar el cuello,
como los búhos, a 180 grados…
No ser pájaros…
Se acaba el vino, llega el frío, el sofá de la terraza soporta nuestro cansancio…
En mis besos tulipanes blancos…
Un amor apresurado, la llamada del abrazo, un inevitable sueño y amanece despacio…
Por un momento el tiempo se ha parado, pero no lo hemos soñado…
18/04/09
Resaca alcohólica-emocional, festival del tulipán…
Caminar, caminar y caminar…
En Fatih me disfrazan de musulmana…
Conversaciones con peces con alma…
Una gaviota llorando dentro de una mujer no deja impasibles a los viandantes…
Te mimetizas con un enorme jarrón…
No llevamos prisa ni dirección, y, atrapados en un cruce, con un camión,
aparece el poeta de Nueva York, (surrealista…)
que no quiere verse retratado
como un simple vendedor de estropajos…
Y así sin más, aparece la declaración,
en la más gastada de las fachadas…
Al lado, sin razón, escrita una dirección… (Kara-gümruk)
Nuestros pasos improvisados se sientan al sol, en una plaza cualquiera…
Sin buscarla estamos en ella…
Es la plaza de los retratos, hacemos surrealista su sábado cotidiano…
La pobreza se hace más insoportable en la infancia, es más difícil mirarla a la cara…
Qué sencillo “salvarla” por un día, unas muñecas y un poco de comida…Bilmiun
Su agradecimiento aparece escrito en el siguiente muro…Seni seviyorum…
Los escombros son juguetes para niños sonrientes,
se funden con edificios acristalados,
enormes grietas en muros apuntalados…
La muralla, entramos en la historia, es un lugar eterno donde se ha detenido el tiempo…
De hecho, al final del camino se encuentra el edén…
No puedo describirte el lugar, tan sólo explicarte el camino hasta él…
La poesía se cae por su propio peso…
Se me queda pequeño el pecho…
Javi entre las flores, el horizonte es de un intenso amarillo.
Siempre hay un agujero en el muro que bordea al paraíso.
Hay que estar seguro de ello, para encontrarlo, no dejar de buscarlo,
no volver atrás en tus pasos…
Los muertos acompañan a la muralla, ambos tienen su merecido descanso…
Nuestras sombras proyectadas, después, a punto de ser atropelladas…
Un corazón deja su huella entre el fango prehistórico…
De camino a “Pierdolis”, los árboles nos abren sus entrañas,
nos acogen, lo mismo a cada uno, que a los dos al tiempo, nuestra versión del “beso”.
El sol no puede esperarnos ante la tardanza del teleférico…
Descienden nuestras sombras entre los muertos,
el paso del tiempo visible en los cementerios…
Dentro de la muralla, la esencia de Estambul,
barrios nublados, estandartes de ropa,
personajes extraños a los que no importa el idioma...
Nuestra perdición y la de un balón, nos reúne con los niños “estrellas”,
con brillo propio, nobleza, nos escoltan como a la realeza,
son nuestros guardianes en la ciudad que nos acecha…
Una voz se acerca, nos pasa, la seguimos, se para…Es el cantaor de Fatih…
Hambre, cansancio, un día muy largo, regateamos a un taxi.
Adiós fuerzas, se nos caen los párpados,
sólo un beso y un abrazo…
19/04/09
Despertar cansado, con la broma de la taza casi me da un infarto…
Estamos muy lejos de los “giris”.
Cambiamos la grandeza de un palacio por la de las flores…Pétalos que son corazones…
La familia de artistas nos abre la puerta a su casa inventada…
Nos sale al paso el capitán pescanova
y un “Chico” turco nos transforma, en Hussein y Geran???
Las cuarenta principales y yankees superficiales nos acompañan hasta Asia.
Escaleras intransitables, vértigo superado y un árbol elegante…
Perros que dormitan en las atestadas calles.
La vuelta es un balanceo mirando al cielo…
El Gran Bazar guarda escondido un fotógrafo que mira en la misma dirección que tú…
El sol se ve vencido por las nubes, en la terraza, un gracioso plato de pasta…
La pasión por la música abre puertas y ventanas,
en Estambul se escuchan rumbas y sevillanas.
Ya quisieran saberlo “Los de Doñana”…
Las calles se llenan de arte, nos miran desde todas partes…
De pronto, un curioso escaparate, que guarda dentro algo aún más impactante…
Hermanas de la alegría, sonrisas amables ante nuestro juego hilarante…
Cada cosa en su justo lugar, un escenario especial,
que no se siente extrañado
ante una bruja iraní y un estrafalario mejicano…
Su magia por tu música, feliz intercambio…
La Gran Vía de la ciudad, para el final.
Esta vez el corazón se cuela en una patata…
La noche estambuleña desprende alegría y libertad…
En los sofás en penumbra, de fondo música turca,
La poesía está en tus labios, y en tus manos,
Me pierdo entre versos y besos
Otra vez se me queda pequeño el pecho…
De vuelta, maniobra de escape,
la ciudad solitaria nos advierte que es tarde…
Un amor apasionado que nos deja agotados…
El último sol, sale para nosotros,
de regalo.
Te observo haciendo fotos, y subiendo por el tejado,
y me siento como una vieja,
mirando el tiempo, sus pasos,
serena,
sin frío ni angustia por el final que se acerca.
Me alegro de que no lo hayamos soñado,
porque los sueños, al fin y al cabo,
sueños son…
20/04/09
Qué malo el agobio, no sabes cuánto lo siento,
Aún así, disfruté tus últimos besos…
De camino al aeropuerto fumo un cigarro en silencio.
El taxista no habla nada, yo tampoco tengo ganas de charla.
La radio puesta, yo canturreo,
en un susurro apenas.
De pronto, apaga la radio, hace un gesto con su mano,
para que cante…
Empiezo con timidez, pero cierro los ojos, olvido su presencia,
y al mismo tiempo canto para él…
Sólo sonríe, no hay palabras,
canto cuatro canciones y después me da las gracias…
Fue un bonito final…
No lo olvides, hemos sido los Mynah de Estambul…
“Atención. Aquí y ahora.”
Don´t forget it.
19 abr 2011
solos
Qué innecesario el abrigo
cuando el frío ha calado en los huesos.
Las noches en vela esparando al sueño, que no llega...
¿Qué será, cuando el deseo muera?
Ya no lloverá...
Y hoy,
que las murallas son tan altas,
sobran las palabras y la fe
que mueve montañas cuya cumbre caerá
y nos aplastará,
y esta vez,
ya no habrá dolor, ni sabor...
Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán
los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...
Soledad, nadie quiere estar así...
Oh, soledad, nadie quiere estar así, nadie quiere estar así...
No importa el silencio si no ha sido impuesto.
Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán
las ganas marchitas en un cajón, muriendo sin prisa...
Un miedo sin nombre ni rostro acecha, prohibido,
clavando con fuerza sus ojos
con sus cuencas vacías y su voz sin sonido.
Ya se acabó mi letargo.
Siempre habrá tiempo para un abrazo.
Y hoy,
que las sonrisas son tan caras,
sobran las palabras para hablar
de quienes viven pero un día morirán
y sólo dejarán,
al pasar,
un lejano aroma, nada más...
Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán
los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...
Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán
las ganas marchitas en un cajón, muriendo despacio...
el orador
La emoción se gesta en silencio.
A base de impulsos, que gritan
como voces anónimas en su desesperada soledad,
sin ser escuchados.
El murmullo se acerca,
se dispara la alerta
ante la inminente explosión.
El equilibrio desaparece,
no hay orden en el ojo del torrente…
Qué belleza la del agua batiendo las rocas,
qué arrogancia la del fuego engullendo las horas…
Risa ante la muerte, llanto ante la vida.
Patéticas marionetas
de agitaciones físicas,
“ridículas” cuando “débiles”,
ceden su cuerpo ante esa fuerza arrolladora.
Que inútil fortaleza.
Qué absurda la muralla cuando la fuerza viene de dentro.
Qué innecesario el abrigo cuando el frío y la humedad, han calado en los huesos.
La oscuridad cobija al vértigo.
Otorga secreto
a los que reparan piedra a piedra,
sol a sol y luna tras luna,
su muralla absurda, autodestruida…
Pero también ampara al vanidoso,
al volcán que sólo erupciona de noche
para contemplar extasiado el brillo de la lava, de su lava,
iluminando los rostros de los que elogian, envidiosos,
su valor ante su emoción desbocada.
Admiración,
para quién destapa lo que todos sienten, lo que todos tienen,
quién se descubre o, simplemente,
no tiene nada que tapar,
quizá nada que mostrar…
Pero no esconde.
No entierra bajo montañas de arena
haciendo la salida algo incómodo, picajoso, molesto,
y finalmente,
demasiado insignificante para tanto esfuerzo.
¿qué hay después de la ceguera?
Ángulos faltos de cordura pasan, marcando mi camino
cortantes, rasgando el vestido.
Guardando en cada esquina, recelosos, sus secretos.
Reja de metal,
la madera me invade,
brillante cristal.
Acostumbrada estoy a tu reflejo artificial.
Iguales son las palabras sobre papel que pergamino.
Iguales son los suspiros que se lleva el olvido.
No distingo
los rasgos en la gente.
Es igual de transparente
el sudor en piel morena.
Son iguales nuestras voces cuando el viento se las lleva.
Condición,
es eufemismo del chantaje más barato.
Vamos débil,
cataloga,
para no ser catalogado.
Tristes rocas,
que observáis,
cansadas
de curiosas miradas, cuya simpleza,
otorga sinsentido a vuestra rara belleza,
La exuberante rosa,
no sabe de sabiduría silenciosa.
Todo se hace gris
bajo el destello de la luz directa.
Sin que nadie se pregunte:
¿qué hay después de la ceguera?
ornella
Momentos de locura,
suspiros de temor.
La espera interminable
sentada en un rincón.
La cara deformada
intentando contener
una herida en carne viva
que me empieza a deshacer.
Como un mar en ríos secos
que jamás se llenarán,
pues esa esperanza firme
que siempre queda al final.
Aplastada la paciencia no podrá ni gotear.
Un beso enmascarado
en gotas de dolor,
que resbalan en su cara
blanqueada con primor.
Un rayo que ilumina
su rostro y su expresión,
de ausencia de la vida
es la muerte de una flor.
En un día en que la lluvia se llevó todo su olor.
No, no, por favor...
No, no, ahora no...
maltrato
Empapada
del veneno de su ser.
Ignorado tras sonrisas,
descansando tras penurias inventadas en silencio.
Artificios encarnados en sumisas niñerías,
siendo nítido lo absurdo
y borroso lo adecuado.
Destellos reflejados
en acuoso vidrio triste.
Tu ceguera inteligente,
mi existencia atormentada.
La tortura inaparente
que desgarra mi cordura.
Me descargo mareada,
puerilmente pecadora.
Mi agonía escandalosa
con su idioma de color,
(tornasol con graduación),
de un dolor que no se marcha,
que palpable, me desgasta.
Que culpable la inocencia,
negación o disimulo;
cruz y cara inexpresiva.
Rayo lívido y lejano
no ilumina travesías,
que asumidas eliminan
esperanzas que en mi espalda
se amontonan encorvando mi alma enferma y decadente,
que envejece prematura;
sin escrúpulos pagada
por la fuerza del más débil.
Fiel actor de su novela.
Tinta roja el argumento,
indeleble en piel desnuda,
e imborrable en la memoria.
ruptura
Me siento vacía.
Con su entrada, tu ser palpitante
se ha llevado toda mi sangre.
Nada fluye en mi herida.
El dolor es seco,
de las lágrimas sólo queda su gusto salado.
Me siento confusa.
Sin destino, mis ojos perdidos
no encuentran motivos, (para encontrarse).
Mi gravedad te repele.
Su atracción inerte,
de la hoguera sólo queda el humo disipándose.
La historia no miente.
Descubierta, ya nadie visita
la cueva de las (mil) maravillas.
En el lago no hay sed,
(los hambrientos no comen a la hora del banquete).
Nuestro amor se ha roto,
de lo eterno sólo queda un dulce recuerdo.
El brillo se percibe al primer vistazo.
Los murmullos te aclaran
lo que no alcanzaste a escuchar en mis gritos.
El aire se nota en su ausencia.
El infame no advierte
del silencio que avisa de la falta de palabras.
absurdo
Me muero…
Recuerdo
lo simple en lo bueno,
lo grande en lo cruel,
que palanca mi esfuerzo
al huir de este mundo, que es
Absurdo,
como tierra sin pan
que abastezca a la gente.
Como un mundo feliz
en el que todos mienten.
Absurdo,
como rayos de sol
en la calle empapada
que deslumbran la luz
que brilla en tu mirada.
Absurdo,
como ríos de sal
que recorren tu cara
arrastrando el dolor
que soporta tu espalda.
Absurdo,
como un nudo en mi voz
que regó la tormenta
que me ahoga el sabor
de los días de fiesta.
Absurdo,
como el roce en mi piel
que trajo la marea
de recuerdos que flotan
sobre polvo de estrella
Absurdo,
como el hilo final
del que pende mi vida
que me salva por fin
de esta larga deriva.
tormentas
Entramada red, que se agita a sacudidas.
Interpreta fiel, espontáneo y caprichoso.
Sin ningún placer, ni desdén en apariencia
mas fluyendo al son, del que mece al suspirar.
La llovizna cae, vuela en torno y a través,
su sonido al fin, chapotea en surcos de hambre.
Su fervor crecer, rebosando furia viva,
resplandor cruel, ruge sordo, luce muerto.
Sin mediar control, explotando sin rencores,
haz de luz mortal, miente ingenuo y sin piedad.
Inocente mal, ciego impacto que culmina
la feroz señal, de un rumor que no se calla.
Intuición febril, cavilar de la entereza,
estupor pueril, miedo eterno y suplicante
Gritará inmortal, manejando tierra y mar,
acidez y sal, correrán por rumbos fijos.
Sin fingir traición, los vencidos vengarán,
infeliz rival, por su pie llegó a la muerte.
Resonar final, carcajadas orgullosas,
destrucción fatal, de ese público inventado.
Similar final, cualquier duelo de intereses,
siempre paga más, ordenado que ordenante.
Sin lugar igual, reposando en oro blanco
el injusto sol, sin saber que caen sus rayos.
reflejos
Reflejos exóticos fulminan con su verde esmeralda
espacios esbeltos de grandeza forjada,
fastuosos linajes de guerreros en sangre,
riqueza visible en sonrisas apuestas.
Proyectos sin fin en idilio y poder.
Andar despejado entre océanos mansos.
Querer, pretender, sin perturba de piedra
informe y crucial, vil factor del desgarro.
Carreras del triunfo, espíritus vacuos.
Prestigio orgulloso, zarzal en cenizas.
Partículas neutras, venganza sin sangre.
Función decadente, orar con mentira.
Miserias que gritan ante sordos que ignoran al eco,
miradas atentas al telón que pervierte,
que hábil oculta el montaje sustento
del viejo secreto vilmente guardado.
Crueles sin ley ante el hambre y la sed.
Luchar sin derrota ante débiles ciegos.
Pisar, rematar, sin posible destierro
a hombre y mujer, a cualquier desarmado.
Repartos injustos, el mártir corrupto.
Conflictos de pobres, en manos del viento.
La fuerza divina, que mueve montañas.
Horrores de muerte, fiebre de bárbaros.