contra las introducciones letrasartel

19 abr 2011

solos


Qué innecesario el abrigo

cuando el frío ha calado en los huesos.


Las noches en vela esparando al sueño, que no llega...


¿Qué será, cuando el deseo muera?

Ya no lloverá...


Y hoy,

que las murallas son tan altas,

sobran las palabras y la fe

que mueve montañas cuya cumbre caerá

y nos aplastará,

y esta vez,

ya no habrá dolor, ni sabor...


Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...


Soledad, nadie quiere estar así...

Oh, soledad, nadie quiere estar así, nadie quiere estar así...

No importa el silencio si no ha sido impuesto.


Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

las ganas marchitas en un cajón, muriendo sin prisa...


Un miedo sin nombre ni rostro acecha, prohibido,

clavando con fuerza sus ojos

con sus cuencas vacías y su voz sin sonido.



Ya se acabó mi letargo.

Siempre habrá tiempo para un abrazo.


Y hoy,

que las sonrisas son tan caras,

sobran las palabras para hablar

de quienes viven pero un día morirán

y sólo dejarán,

al pasar,

un lejano aroma, nada más...



Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...

Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

las ganas marchitas en un cajón, muriendo despacio...


el orador


La emoción se gesta en silencio.

A base de impulsos, que gritan

como voces anónimas en su desesperada soledad,

sin ser escuchados.

El murmullo se acerca,

se dispara la alerta

ante la inminente explosión.

El equilibrio desaparece,

no hay orden en el ojo del torrente…


Qué belleza la del agua batiendo las rocas,

qué arrogancia la del fuego engullendo las horas…

Risa ante la muerte, llanto ante la vida.

Patéticas marionetas

de agitaciones físicas,

“ridículas” cuando “débiles”,

ceden su cuerpo ante esa fuerza arrolladora.


Que inútil fortaleza.

Qué absurda la muralla cuando la fuerza viene de dentro.

Qué innecesario el abrigo cuando el frío y la humedad, han calado en los huesos.


La oscuridad cobija al vértigo.

Otorga secreto

a los que reparan piedra a piedra,

sol a sol y luna tras luna,

su muralla absurda, autodestruida…

Pero también ampara al vanidoso,

al volcán que sólo erupciona de noche

para contemplar extasiado el brillo de la lava, de su lava,

iluminando los rostros de los que elogian, envidiosos,

su valor ante su emoción desbocada.


Admiración,

para quién destapa lo que todos sienten, lo que todos tienen,

quién se descubre o, simplemente,

no tiene nada que tapar,

quizá nada que mostrar…

Pero no esconde.

No entierra bajo montañas de arena

haciendo la salida algo incómodo, picajoso, molesto,

y finalmente,

demasiado insignificante para tanto esfuerzo.


¿qué hay después de la ceguera?


Ángulos faltos de cordura pasan, marcando mi camino

cortantes, rasgando el vestido.

Guardando en cada esquina, recelosos, sus secretos.

Reja de metal,

la madera me invade,

brillante cristal.

Acostumbrada estoy a tu reflejo artificial.


Iguales son las palabras sobre papel que pergamino.

Iguales son los suspiros que se lleva el olvido.

No distingo

los rasgos en la gente.

Es igual de transparente

el sudor en piel morena.


Son iguales nuestras voces cuando el viento se las lleva.

Condición,

es eufemismo del chantaje más barato.

Vamos débil,

cataloga,

para no ser catalogado.


Tristes rocas,

que observáis,

cansadas

de curiosas miradas, cuya simpleza,

otorga sinsentido a vuestra rara belleza,

La exuberante rosa,

no sabe de sabiduría silenciosa.


Todo se hace gris

bajo el destello de la luz directa.

Sin que nadie se pregunte:

¿qué hay después de la ceguera?


ornella


Momentos de locura,

suspiros de temor.

La espera interminable

sentada en un rincón.


La cara deformada

intentando contener

una herida en carne viva

que me empieza a deshacer.


Como un mar en ríos secos

que jamás se llenarán,

pues esa esperanza firme

que siempre queda al final.


Aplastada la paciencia no podrá ni gotear.



Un beso enmascarado

en gotas de dolor,

que resbalan en su cara

blanqueada con primor.


Un rayo que ilumina

su rostro y su expresión,

de ausencia de la vida

es la muerte de una flor.


En un día en que la lluvia se llevó todo su olor.


No, no, por favor...

No, no, ahora no...


maltrato


Empapada

del veneno de su ser.


Ignorado tras sonrisas,

descansando tras penurias inventadas en silencio.


Artificios encarnados en sumisas niñerías,

siendo nítido lo absurdo

y borroso lo adecuado.


Destellos reflejados

en acuoso vidrio triste.


Tu ceguera inteligente,

mi existencia atormentada.

La tortura inaparente

que desgarra mi cordura.


Me descargo mareada,

puerilmente pecadora.


Mi agonía escandalosa

con su idioma de color,

(tornasol con graduación),

de un dolor que no se marcha,

que palpable, me desgasta.


Que culpable la inocencia,

negación o disimulo;

cruz y cara inexpresiva.


Rayo lívido y lejano

no ilumina travesías,

que asumidas eliminan

esperanzas que en mi espalda

se amontonan encorvando mi alma enferma y decadente,

que envejece prematura;

sin escrúpulos pagada

por la fuerza del más débil.


Fiel actor de su novela.

Tinta roja el argumento,

indeleble en piel desnuda,

e imborrable en la memoria.


ruptura


Me siento vacía.

Con su entrada, tu ser palpitante

se ha llevado toda mi sangre.

Nada fluye en mi herida.

El dolor es seco,

de las lágrimas sólo queda su gusto salado.


Me siento confusa.

Sin destino, mis ojos perdidos

no encuentran motivos, (para encontrarse).

Mi gravedad te repele.

Su atracción inerte,

de la hoguera sólo queda el humo disipándose.


La historia no miente.

Descubierta, ya nadie visita

la cueva de las (mil) maravillas.

En el lago no hay sed,

(los hambrientos no comen a la hora del banquete).

Nuestro amor se ha roto,

de lo eterno sólo queda un dulce recuerdo.


El brillo se percibe al primer vistazo.

Los murmullos te aclaran

lo que no alcanzaste a escuchar en mis gritos.


El aire se nota en su ausencia.

El infame no advierte

del silencio que avisa de la falta de palabras.


absurdo


Me muero…

Recuerdo

lo simple en lo bueno,

lo grande en lo cruel,

que palanca mi esfuerzo

al huir de este mundo, que es

Absurdo,

como tierra sin pan

que abastezca a la gente.

Como un mundo feliz

en el que todos mienten.

Absurdo,

como rayos de sol

en la calle empapada

que deslumbran la luz

que brilla en tu mirada.

Absurdo,

como ríos de sal

que recorren tu cara

arrastrando el dolor

que soporta tu espalda.

Absurdo,

como un nudo en mi voz

que regó la tormenta

que me ahoga el sabor

de los días de fiesta.

Absurdo,

como el roce en mi piel

que trajo la marea

de recuerdos que flotan

sobre polvo de estrella

Absurdo,

como el hilo final

del que pende mi vida

que me salva por fin

de esta larga deriva.

tormentas


Entramada red, que se agita a sacudidas.

Interpreta fiel, espontáneo y caprichoso.

Sin ningún placer, ni desdén en apariencia

mas fluyendo al son, del que mece al suspirar.


La llovizna cae, vuela en torno y a través,

su sonido al fin, chapotea en surcos de hambre.

Su fervor crecer, rebosando furia viva,

resplandor cruel, ruge sordo, luce muerto.


Sin mediar control, explotando sin rencores,

haz de luz mortal, miente ingenuo y sin piedad.

Inocente mal, ciego impacto que culmina

la feroz señal, de un rumor que no se calla.


Intuición febril, cavilar de la entereza,

estupor pueril, miedo eterno y suplicante

Gritará inmortal, manejando tierra y mar,

acidez y sal, correrán por rumbos fijos.


Sin fingir traición, los vencidos vengarán,

infeliz rival, por su pie llegó a la muerte.

Resonar final, carcajadas orgullosas,

destrucción fatal, de ese público inventado.


Similar final, cualquier duelo de intereses,

siempre paga más, ordenado que ordenante.

Sin lugar igual, reposando en oro blanco

el injusto sol, sin saber que caen sus rayos.


reflejos


Reflejos exóticos fulminan con su verde esmeralda

espacios esbeltos de grandeza forjada,

fastuosos linajes de guerreros en sangre,

riqueza visible en sonrisas apuestas.


Proyectos sin fin en idilio y poder.

Andar despejado entre océanos mansos.

Querer, pretender, sin perturba de piedra

informe y crucial, vil factor del desgarro.


Carreras del triunfo, espíritus vacuos.

Prestigio orgulloso, zarzal en cenizas.

Partículas neutras, venganza sin sangre.

Función decadente, orar con mentira.


Miserias que gritan ante sordos que ignoran al eco,

miradas atentas al telón que pervierte,

que hábil oculta el montaje sustento

del viejo secreto vilmente guardado.


Crueles sin ley ante el hambre y la sed.

Luchar sin derrota ante débiles ciegos.

Pisar, rematar, sin posible destierro

a hombre y mujer, a cualquier desarmado.


Repartos injustos, el mártir corrupto.

Conflictos de pobres, en manos del viento.

La fuerza divina, que mueve montañas.

Horrores de muerte, fiebre de bárbaros.