Ángulos faltos de cordura pasan, marcando mi camino
cortantes, rasgando el vestido.
Guardando en cada esquina, recelosos, sus secretos.
Reja de metal,
la madera me invade,
brillante cristal.
Acostumbrada estoy a tu reflejo artificial.
Iguales son las palabras sobre papel que pergamino.
Iguales son los suspiros que se lleva el olvido.
No distingo
los rasgos en la gente.
Es igual de transparente
el sudor en piel morena.
Son iguales nuestras voces cuando el viento se las lleva.
Condición,
es eufemismo del chantaje más barato.
Vamos débil,
cataloga,
para no ser catalogado.
Tristes rocas,
que observáis,
cansadas
de curiosas miradas, cuya simpleza,
otorga sinsentido a vuestra rara belleza,
La exuberante rosa,
no sabe de sabiduría silenciosa.
Todo se hace gris
bajo el destello de la luz directa.
Sin que nadie se pregunte:
¿qué hay después de la ceguera?
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