Momentos de locura,
suspiros de temor.
La espera interminable
sentada en un rincón.
La cara deformada
intentando contener
una herida en carne viva
que me empieza a deshacer.
Como un mar en ríos secos
que jamás se llenarán,
pues esa esperanza firme
que siempre queda al final.
Aplastada la paciencia no podrá ni gotear.
Un beso enmascarado
en gotas de dolor,
que resbalan en su cara
blanqueada con primor.
Un rayo que ilumina
su rostro y su expresión,
de ausencia de la vida
es la muerte de una flor.
En un día en que la lluvia se llevó todo su olor.
No, no, por favor...
No, no, ahora no...
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