contra las introducciones letrasartel

23 may 2011

Diario de Estambul

Marzo 2009 LONDRES

Quisimos subir muy alto y paramos a retozar en una nube.

Fue una mezcla de su fragilidad y nuestro violento ajetreo,
lo que hizo un golpe duro la vuelta al suelo…

Qué difícil caminar, por donde sabes que, al final,
no se encuentra tu horizonte…

¿Cómo no parar de dar vueltas en un mundo que es redondo?

Nos empeñamos en construir caminos, en allanar terrenos,
mientras la naturaleza nos grita: “No sois eternos”


16/04/09 ESTAMBUL

(Vuelo)
Negras y blancas,
transparentes y opacas,
¿quién sois?

Sólo el agua puede recorrer todos los estados,
acompañar, como una escenografía simbólica, cada suceso.

De pronto sois el suelo, tan nítido, tan palpable,
que no puedo creer que no me sostengáis…

Qué injusto y qué lógico…
El soporte nunca podrá ser blando,
los cimientos nunca suaves,
las certezas nunca poesía…

No podré quedarme a vivir en las alturas,
donde siempre hace sol…


(Llegada)
Santa Sofía asiste, perpleja, a nuestro reencuentro…
Adivino tu silueta, acercándose, para luego re-conocer tus rasgos y tu voz,
que guardaba difusos.

Dormimos en la casa del poeta, atrapado por la supervivencia…
Risas entre cerveza y vino turco, más suave y rosado.
Hacemos nuestro el lugar, me siento como en casa y como si te hubiera visto ayer.
Nos acostamos en una cama con cuatro paredes.
Nuestro amor me desvela…
La luz que se cuela,
por las cortinas y el techo de madera,
me recuerda a habitaciones de películas tailandesas,
propias de climas orientales,
de calor sofocante…
Oigo la llamada, de madrugada,
por una voz que es más que un simple sacerdote.

Me gustó saber que, aún estando dormido, me abrazabas…


17/04/09

Llevo un rato despierta…Tú aún duermes, y aún me aprietas…

Como buenos “giris”, empezamos nuestro viaje por las enormes gemelas…
La fachada nos engaña, la grandeza del interior de Sofía no es comparable (a nada).
Su corazón de piedra es frío y eterno.
Una enorme araña teje andamios en su centro.
Apenas sobrevive el dorado cristiano, ante la luz tenue y el gris apagado
de su transformación en lugar de culto musulmán.
Los “grandes” fotógrafos enfocan todos hacia el mismo lugar,
tú encuadras su mirada tan poco original…

Al azar en el Gran Bazar, después de regalar, a unos farmacéuticos aburridos,
unas risas por nuestro amor accidentado…
Vamos pues, como por un supermercado, pequeña decepción…
La solución, está en los callejones, siempre,
en los personajes de sonrisa perenne, a pesar del estrecho espacio de sus rutinas…
Maniquíes, seres de cómica perversidad, como reciclados de un vertedero,
heridos, mutilados, y sin embargo los más engalanados…

La poesía rige nuestros pasos, hasta que el hambre la releva…
Un kebap con vistas al mar, por fin lo olemos…

En Gálata nos convertimos en borregos, con el consuelo de darnos cuenta,
a pesar de dar, como ellos, toda la vuelta…
Retornamos al “hogar”, menos mal, que no hacemos caso al “turco-germano”…

Habitación en el mar con terraza en el cielo…
Cargados de pan y vino, nos colamos,
como gatos callejeros, saltando por los tejados.
Mendigos bohemios, envueltos en mantas de cuadros…
Alguien sube, nos han cazado, quien resulta ser un agradable mejicano.
Las gaviotas encendidas custodian la Mezquita, Azul,
el paisaje nos rodea por completo,
echamos de menos no poder girar el cuello,
como los búhos, a 180 grados…
No ser pájaros…
Se acaba el vino, llega el frío, el sofá de la terraza soporta nuestro cansancio…
En mis besos tulipanes blancos…
Un amor apresurado, la llamada del abrazo, un inevitable sueño y amanece despacio…
Por un momento el tiempo se ha parado, pero no lo hemos soñado…


18/04/09

Resaca alcohólica-emocional, festival del tulipán…
Caminar, caminar y caminar…

En Fatih me disfrazan de musulmana…
Conversaciones con peces con alma…

Una gaviota llorando dentro de una mujer no deja impasibles a los viandantes…
Te mimetizas con un enorme jarrón…

No llevamos prisa ni dirección, y, atrapados en un cruce, con un camión,
aparece el poeta de Nueva York, (surrealista…)
que no quiere verse retratado
como un simple vendedor de estropajos…
Y así sin más, aparece la declaración,
en la más gastada de las fachadas…
Al lado, sin razón, escrita una dirección… (Kara-gümruk)
Nuestros pasos improvisados se sientan al sol, en una plaza cualquiera…
Sin buscarla estamos en ella…
Es la plaza de los retratos, hacemos surrealista su sábado cotidiano…

La pobreza se hace más insoportable en la infancia, es más difícil mirarla a la cara…
Qué sencillo “salvarla” por un día, unas muñecas y un poco de comida…Bilmiun
Su agradecimiento aparece escrito en el siguiente muro…Seni seviyorum…
Los escombros son juguetes para niños sonrientes,
se funden con edificios acristalados,
enormes grietas en muros apuntalados…

La muralla, entramos en la historia, es un lugar eterno donde se ha detenido el tiempo…
De hecho, al final del camino se encuentra el edén…
No puedo describirte el lugar, tan sólo explicarte el camino hasta él…
La poesía se cae por su propio peso…
Se me queda pequeño el pecho…
Javi entre las flores, el horizonte es de un intenso amarillo.
Siempre hay un agujero en el muro que bordea al paraíso.
Hay que estar seguro de ello, para encontrarlo, no dejar de buscarlo,
no volver atrás en tus pasos…
Los muertos acompañan a la muralla, ambos tienen su merecido descanso…
Nuestras sombras proyectadas, después, a punto de ser atropelladas…
Un corazón deja su huella entre el fango prehistórico…

De camino a “Pierdolis”, los árboles nos abren sus entrañas,
nos acogen, lo mismo a cada uno, que a los dos al tiempo, nuestra versión del “beso”.
El sol no puede esperarnos ante la tardanza del teleférico…
Descienden nuestras sombras entre los muertos,
el paso del tiempo visible en los cementerios…

Dentro de la muralla, la esencia de Estambul,
barrios nublados, estandartes de ropa,
personajes extraños a los que no importa el idioma...
Nuestra perdición y la de un balón, nos reúne con los niños “estrellas”,
con brillo propio, nobleza, nos escoltan como a la realeza,
son nuestros guardianes en la ciudad que nos acecha…

Una voz se acerca, nos pasa, la seguimos, se para…Es el cantaor de Fatih…
Hambre, cansancio, un día muy largo, regateamos a un taxi.

Adiós fuerzas, se nos caen los párpados,
sólo un beso y un abrazo…


19/04/09

Despertar cansado, con la broma de la taza casi me da un infarto…

Estamos muy lejos de los “giris”.
Cambiamos la grandeza de un palacio por la de las flores…Pétalos que son corazones…
La familia de artistas nos abre la puerta a su casa inventada…

Nos sale al paso el capitán pescanova
y un “Chico” turco nos transforma, en Hussein y Geran???
Las cuarenta principales y yankees superficiales nos acompañan hasta Asia.
Escaleras intransitables, vértigo superado y un árbol elegante…
Perros que dormitan en las atestadas calles.
La vuelta es un balanceo mirando al cielo…

El Gran Bazar guarda escondido un fotógrafo que mira en la misma dirección que tú…

El sol se ve vencido por las nubes, en la terraza, un gracioso plato de pasta…
La pasión por la música abre puertas y ventanas,
en Estambul se escuchan rumbas y sevillanas.
Ya quisieran saberlo “Los de Doñana”…

Las calles se llenan de arte, nos miran desde todas partes…
De pronto, un curioso escaparate, que guarda dentro algo aún más impactante…
Hermanas de la alegría, sonrisas amables ante nuestro juego hilarante…
Cada cosa en su justo lugar, un escenario especial,
que no se siente extrañado
ante una bruja iraní y un estrafalario mejicano…
Su magia por tu música, feliz intercambio…

La Gran Vía de la ciudad, para el final.
Esta vez el corazón se cuela en una patata…
La noche estambuleña desprende alegría y libertad…

En los sofás en penumbra, de fondo música turca,
La poesía está en tus labios, y en tus manos,
Me pierdo entre versos y besos
Otra vez se me queda pequeño el pecho…

De vuelta, maniobra de escape,
la ciudad solitaria nos advierte que es tarde…

Un amor apasionado que nos deja agotados…
El último sol, sale para nosotros,
de regalo.
Te observo haciendo fotos, y subiendo por el tejado,
y me siento como una vieja,
mirando el tiempo, sus pasos,
serena,
sin frío ni angustia por el final que se acerca.

Me alegro de que no lo hayamos soñado,
porque los sueños, al fin y al cabo,
sueños son…


20/04/09

Qué malo el agobio, no sabes cuánto lo siento,
Aún así, disfruté tus últimos besos…

De camino al aeropuerto fumo un cigarro en silencio.
El taxista no habla nada, yo tampoco tengo ganas de charla.
La radio puesta, yo canturreo,
en un susurro apenas.
De pronto, apaga la radio, hace un gesto con su mano,
para que cante…
Empiezo con timidez, pero cierro los ojos, olvido su presencia,
y al mismo tiempo canto para él…
Sólo sonríe, no hay palabras,
canto cuatro canciones y después me da las gracias…
Fue un bonito final…


No lo olvides, hemos sido los Mynah de Estambul…
“Atención. Aquí y ahora.”
Don´t forget it.

19 abr 2011

solos


Qué innecesario el abrigo

cuando el frío ha calado en los huesos.


Las noches en vela esparando al sueño, que no llega...


¿Qué será, cuando el deseo muera?

Ya no lloverá...


Y hoy,

que las murallas son tan altas,

sobran las palabras y la fe

que mueve montañas cuya cumbre caerá

y nos aplastará,

y esta vez,

ya no habrá dolor, ni sabor...


Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...


Soledad, nadie quiere estar así...

Oh, soledad, nadie quiere estar así, nadie quiere estar así...

No importa el silencio si no ha sido impuesto.


Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

las ganas marchitas en un cajón, muriendo sin prisa...


Un miedo sin nombre ni rostro acecha, prohibido,

clavando con fuerza sus ojos

con sus cuencas vacías y su voz sin sonido.



Ya se acabó mi letargo.

Siempre habrá tiempo para un abrazo.


Y hoy,

que las sonrisas son tan caras,

sobran las palabras para hablar

de quienes viven pero un día morirán

y sólo dejarán,

al pasar,

un lejano aroma, nada más...



Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

los largos paseos sin dirección, las tardes en el sillón...

Vivimos en tiempos de soledad, a todos nos tocarán

las ganas marchitas en un cajón, muriendo despacio...


el orador


La emoción se gesta en silencio.

A base de impulsos, que gritan

como voces anónimas en su desesperada soledad,

sin ser escuchados.

El murmullo se acerca,

se dispara la alerta

ante la inminente explosión.

El equilibrio desaparece,

no hay orden en el ojo del torrente…


Qué belleza la del agua batiendo las rocas,

qué arrogancia la del fuego engullendo las horas…

Risa ante la muerte, llanto ante la vida.

Patéticas marionetas

de agitaciones físicas,

“ridículas” cuando “débiles”,

ceden su cuerpo ante esa fuerza arrolladora.


Que inútil fortaleza.

Qué absurda la muralla cuando la fuerza viene de dentro.

Qué innecesario el abrigo cuando el frío y la humedad, han calado en los huesos.


La oscuridad cobija al vértigo.

Otorga secreto

a los que reparan piedra a piedra,

sol a sol y luna tras luna,

su muralla absurda, autodestruida…

Pero también ampara al vanidoso,

al volcán que sólo erupciona de noche

para contemplar extasiado el brillo de la lava, de su lava,

iluminando los rostros de los que elogian, envidiosos,

su valor ante su emoción desbocada.


Admiración,

para quién destapa lo que todos sienten, lo que todos tienen,

quién se descubre o, simplemente,

no tiene nada que tapar,

quizá nada que mostrar…

Pero no esconde.

No entierra bajo montañas de arena

haciendo la salida algo incómodo, picajoso, molesto,

y finalmente,

demasiado insignificante para tanto esfuerzo.


¿qué hay después de la ceguera?


Ángulos faltos de cordura pasan, marcando mi camino

cortantes, rasgando el vestido.

Guardando en cada esquina, recelosos, sus secretos.

Reja de metal,

la madera me invade,

brillante cristal.

Acostumbrada estoy a tu reflejo artificial.


Iguales son las palabras sobre papel que pergamino.

Iguales son los suspiros que se lleva el olvido.

No distingo

los rasgos en la gente.

Es igual de transparente

el sudor en piel morena.


Son iguales nuestras voces cuando el viento se las lleva.

Condición,

es eufemismo del chantaje más barato.

Vamos débil,

cataloga,

para no ser catalogado.


Tristes rocas,

que observáis,

cansadas

de curiosas miradas, cuya simpleza,

otorga sinsentido a vuestra rara belleza,

La exuberante rosa,

no sabe de sabiduría silenciosa.


Todo se hace gris

bajo el destello de la luz directa.

Sin que nadie se pregunte:

¿qué hay después de la ceguera?


ornella


Momentos de locura,

suspiros de temor.

La espera interminable

sentada en un rincón.


La cara deformada

intentando contener

una herida en carne viva

que me empieza a deshacer.


Como un mar en ríos secos

que jamás se llenarán,

pues esa esperanza firme

que siempre queda al final.


Aplastada la paciencia no podrá ni gotear.



Un beso enmascarado

en gotas de dolor,

que resbalan en su cara

blanqueada con primor.


Un rayo que ilumina

su rostro y su expresión,

de ausencia de la vida

es la muerte de una flor.


En un día en que la lluvia se llevó todo su olor.


No, no, por favor...

No, no, ahora no...


maltrato


Empapada

del veneno de su ser.


Ignorado tras sonrisas,

descansando tras penurias inventadas en silencio.


Artificios encarnados en sumisas niñerías,

siendo nítido lo absurdo

y borroso lo adecuado.


Destellos reflejados

en acuoso vidrio triste.


Tu ceguera inteligente,

mi existencia atormentada.

La tortura inaparente

que desgarra mi cordura.


Me descargo mareada,

puerilmente pecadora.


Mi agonía escandalosa

con su idioma de color,

(tornasol con graduación),

de un dolor que no se marcha,

que palpable, me desgasta.


Que culpable la inocencia,

negación o disimulo;

cruz y cara inexpresiva.


Rayo lívido y lejano

no ilumina travesías,

que asumidas eliminan

esperanzas que en mi espalda

se amontonan encorvando mi alma enferma y decadente,

que envejece prematura;

sin escrúpulos pagada

por la fuerza del más débil.


Fiel actor de su novela.

Tinta roja el argumento,

indeleble en piel desnuda,

e imborrable en la memoria.


ruptura


Me siento vacía.

Con su entrada, tu ser palpitante

se ha llevado toda mi sangre.

Nada fluye en mi herida.

El dolor es seco,

de las lágrimas sólo queda su gusto salado.


Me siento confusa.

Sin destino, mis ojos perdidos

no encuentran motivos, (para encontrarse).

Mi gravedad te repele.

Su atracción inerte,

de la hoguera sólo queda el humo disipándose.


La historia no miente.

Descubierta, ya nadie visita

la cueva de las (mil) maravillas.

En el lago no hay sed,

(los hambrientos no comen a la hora del banquete).

Nuestro amor se ha roto,

de lo eterno sólo queda un dulce recuerdo.


El brillo se percibe al primer vistazo.

Los murmullos te aclaran

lo que no alcanzaste a escuchar en mis gritos.


El aire se nota en su ausencia.

El infame no advierte

del silencio que avisa de la falta de palabras.


absurdo


Me muero…

Recuerdo

lo simple en lo bueno,

lo grande en lo cruel,

que palanca mi esfuerzo

al huir de este mundo, que es

Absurdo,

como tierra sin pan

que abastezca a la gente.

Como un mundo feliz

en el que todos mienten.

Absurdo,

como rayos de sol

en la calle empapada

que deslumbran la luz

que brilla en tu mirada.

Absurdo,

como ríos de sal

que recorren tu cara

arrastrando el dolor

que soporta tu espalda.

Absurdo,

como un nudo en mi voz

que regó la tormenta

que me ahoga el sabor

de los días de fiesta.

Absurdo,

como el roce en mi piel

que trajo la marea

de recuerdos que flotan

sobre polvo de estrella

Absurdo,

como el hilo final

del que pende mi vida

que me salva por fin

de esta larga deriva.

tormentas


Entramada red, que se agita a sacudidas.

Interpreta fiel, espontáneo y caprichoso.

Sin ningún placer, ni desdén en apariencia

mas fluyendo al son, del que mece al suspirar.


La llovizna cae, vuela en torno y a través,

su sonido al fin, chapotea en surcos de hambre.

Su fervor crecer, rebosando furia viva,

resplandor cruel, ruge sordo, luce muerto.


Sin mediar control, explotando sin rencores,

haz de luz mortal, miente ingenuo y sin piedad.

Inocente mal, ciego impacto que culmina

la feroz señal, de un rumor que no se calla.


Intuición febril, cavilar de la entereza,

estupor pueril, miedo eterno y suplicante

Gritará inmortal, manejando tierra y mar,

acidez y sal, correrán por rumbos fijos.


Sin fingir traición, los vencidos vengarán,

infeliz rival, por su pie llegó a la muerte.

Resonar final, carcajadas orgullosas,

destrucción fatal, de ese público inventado.


Similar final, cualquier duelo de intereses,

siempre paga más, ordenado que ordenante.

Sin lugar igual, reposando en oro blanco

el injusto sol, sin saber que caen sus rayos.


reflejos


Reflejos exóticos fulminan con su verde esmeralda

espacios esbeltos de grandeza forjada,

fastuosos linajes de guerreros en sangre,

riqueza visible en sonrisas apuestas.


Proyectos sin fin en idilio y poder.

Andar despejado entre océanos mansos.

Querer, pretender, sin perturba de piedra

informe y crucial, vil factor del desgarro.


Carreras del triunfo, espíritus vacuos.

Prestigio orgulloso, zarzal en cenizas.

Partículas neutras, venganza sin sangre.

Función decadente, orar con mentira.


Miserias que gritan ante sordos que ignoran al eco,

miradas atentas al telón que pervierte,

que hábil oculta el montaje sustento

del viejo secreto vilmente guardado.


Crueles sin ley ante el hambre y la sed.

Luchar sin derrota ante débiles ciegos.

Pisar, rematar, sin posible destierro

a hombre y mujer, a cualquier desarmado.


Repartos injustos, el mártir corrupto.

Conflictos de pobres, en manos del viento.

La fuerza divina, que mueve montañas.

Horrores de muerte, fiebre de bárbaros.